La industria manufacturera argentina volvió a mostrar números negativos.
El último dato disponible del INDEC registró en julio una caída interanual del 5% en la producción industrial manufacturera.
No es un indicador aislado. En el mismo mes, el Estimador Mensual de Actividad Económica cayó 2,9% interanual.
Los números vuelven a poner bajo discusión una de las características centrales del programa económico de Javier Milei: la estabilización macroeconómica convive con sectores productivos que siguen sin encontrar una recuperación sostenida.
Para la industria, el escenario combina varios problemas.
La demanda interna continúa debilitada, el financiamiento sigue siendo una dificultad especialmente para empresas pequeñas y medianas, los costos energéticos pesan sobre las fábricas y la apertura comercial aumenta la presión de los productos importados.
La propia Unión Industrial Argentina advirtió en septiembre sobre la falta de recuperación de la actividad y la caída del empleo.
La entidad también planteó dificultades vinculadas con el costo del financiamiento, la presión tributaria y los costos energéticos.
Es decir, la preocupación ya no proviene únicamente de sindicatos, sectores políticos opositores o cámaras regionales. La principal representación empresaria industrial del país también advierte sobre el escenario.
Argentina conoce las consecuencias de perder entramado industrial.
Cuando desaparece una fábrica no se pierde solamente una línea de producción. Se pierden proveedores, técnicos, conocimiento acumulado, pequeños talleres, transportistas, comercios vinculados y empleos que muchas veces tardan años en reconstruirse.
El Gobierno apuesta a que una economía más abierta genere empresas más eficientes y precios más competitivos.
La incógnita es qué ocurre con las empresas que desaparecen antes de que esa supuesta nueva estructura productiva llegue a desarrollarse.
La Argentina necesita discutir competitividad. Necesita bajar costos, invertir en infraestructura, mejorar logística y facilitar exportaciones.
Pero una política económica que mide sus resultados únicamente en variables financieras corre el riesgo de descubrir demasiado tarde que también existe una economía detrás de las planillas.
Y en esa economía están las fábricas.
Fuentes de respaldo: INDEC y Unión Industrial Argentina.













